Ni la he deseado ni la he buscado, pero, a decir de todos los que me quieren bien, que son bastantes, la vida me ha dado una segunda oportunidad. Ahora he de desarrollar la inteligencia para aprovecharla. Tengo casi cuarenta y nueve años, de salud bien, de imagen estoy mejorando mucho con la perdida de la barriga cervecera, y la economía, a no ser que se estropee con los "acuerdos posmatrimoniales", suficiente para alguien poco consumista. Un buen batallón de amigos espera que les llame para iniciar la andadura. La clave está en el equilibrio entre la atención a los hijos, a los que he de compensar por el poco tiempo que les dedicaba cuando vivía en la “etapa oscura”, las relaciones humanas, las obligaciones laborales, los proyectos personales y el ocio, estos tres últimos muy relacionados.
El abanico de opciones apetecibles es extenso, el problema es que me atraen muchas cosas. Pero a estas alturas hay que seleccionar, si no te pierdes entre tanto plato. Uno de los problemas de mi vida es que me han interesado más cosas de las que podía abarcar y mi currículun está lleno de proyectos inacabados. De hecho, una de las tareas que pienso llevar a cabo es retomar algunas viejas ideas ya iniciadas y sacarlas adelante.
Un truco muy bueno es divertirse con lo que se tenga que hacer obligatoriamente. Es de Perogrullo, pero hay que ponerlo en práctica. Se trata de ser creativo también en el quehacer diario. Aunque se esté hastiado, tenemos que encontrar ese puntito, este toque imaginativo y humano que le de chispa al trabajo, ya sea en la labor misma o en la relación con los compañeros. Siempre hay algo que pueda distinguir, en el sentido noble, un acto de otro, un día del anterior: un cambio en el mobiliario, un poster en la pared, un nuevo cactus encima de la mesa. ¿Proponga comprar un canario con su jaula y todo para la oficina? ¿Instale una barra para fortalecer los brazos en el quicio de la puerta? ¿Organice una carrera de sillas giratorias?
Son inagotables las posibilidades, lástima que los segundos sean tan escasos. Otra buena manera de aprovechar el tiempo es quedarse un rato sin hacer nada y notar que la vida existe, porque con tanta acción, el tiempo pasa volando... y se nos escapa. Todo esto tengo yo que aprender a hacer en mi segunda oportunidad.
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