No voy a ser tan pretencioso como para pensar que puedo ir quemando las etapas al ritmo de mi voluntad. Primero hay que identificar en que momento se está y luego se ve cómo se avanza. Ahora estoy tomando conciencia de que me encuentro atrapado en la órbita de la influencia emocional de mi ex. Todo mi mundo ha girado, gira, en torno suyo en las últimas semanas, de una manera consciente o inconsciente. Las decisiones que tomo, los actos que llevo a cabo, el discurrir de mi pensamiento me llevan hasta ella como si ahora toda mi vida tuviera un determinado fin. Dicen los ingenieros espaciales que para salir de la órbita de un planeta hay que dar un empujón con los recursos propios y aprovechar con inteligencia las fuerzas gravitatorias de otros astros celestes. Por ahí, me parece, va el tema: de entrada ya he visto que no estoy vagando por el espacio, si no dando vueltas alrededor de una luna de la que solo tengo presente su cara iluminada pero que nada más que me muestra su lado oscuro.
Es necesario mirar hacia el universo de personas que van apareciendo en nuestras proximidades, que está ahí y que hay que tomarse la molestia de verlas: esa recepcionista que se ha aprendido tu nombre y que te sonríe más que a los otros, ese compañero de calle que te felicita cuando nadas más lejos, esa monitora que siempre te dice que lo haces bien, esa compañera de trabajo que te mira vivaz y atenta, esa alumna que te pide una y otra vez tutorías, esa paciente que te llama pretextando cualquier consulta, ese colega, que se interesa por ti de manera franca, esa nueva conocida que quiere saber más de tu vida… y sobre todo ese grupo consolidado de amigas y amigos.
Puede que ninguna en especial, no lo se, pero todas en su conjunto, unas más que otras supongo, constituirán las fuerzas gravitatorias que me ayudarán a salir de la órbita en la que estoy prisionero. El empujón propio, -los cohetes de propulsión- lo tengo cada vez más a punto.
Es necesario mirar hacia el universo de personas que van apareciendo en nuestras proximidades, que está ahí y que hay que tomarse la molestia de verlas: esa recepcionista que se ha aprendido tu nombre y que te sonríe más que a los otros, ese compañero de calle que te felicita cuando nadas más lejos, esa monitora que siempre te dice que lo haces bien, esa compañera de trabajo que te mira vivaz y atenta, esa alumna que te pide una y otra vez tutorías, esa paciente que te llama pretextando cualquier consulta, ese colega, que se interesa por ti de manera franca, esa nueva conocida que quiere saber más de tu vida… y sobre todo ese grupo consolidado de amigas y amigos.
Puede que ninguna en especial, no lo se, pero todas en su conjunto, unas más que otras supongo, constituirán las fuerzas gravitatorias que me ayudarán a salir de la órbita en la que estoy prisionero. El empujón propio, -los cohetes de propulsión- lo tengo cada vez más a punto.
Pero todo esto no le quita fuerza a la atracción fatal.
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