Un amigo, escritor novel, me invita a su primera firma de libros en la Feria anual del sector. Pertenece a una las parejas con las que hemos salido conjuntamente de vacaciones los últimos cuatro años. Me mimaron como a un enfermo o a un niño y bromearon sobre mis circunstancias, para desdramatizarlas. Aunque la situación era extraña, resulta reconfortante que se acuerden de ti y que no quieran perder del todo la relación, que de todas formas ya no puede ser igual. Ellos, lógicamente, han seguido saliendo juntos. Cenamos en una mesa donde los comensales éramos impares y comí como hacía meses que no lo hacía, interrumpiendo la dieta por un día. Quedamos para una fiesta donde celebrarán la publicación del libro.
Lo más llamativo es que todo el mundo te habla de mujeres y quiere encontrarte novia enseguida, como si eso fuera una prioridad ahora. La gente que acaba de salir de una relación y se mete en otra directamente, no tiene tiempo de madurar lo que ha pasado, de asumirlo, de “limpiarse”. Eso lleva un tiempo, incluso de abstinencia. Todo tiene que reposar. Ni en los momentos más duros de estos días me he planteado, ni de pasada, aplicar aquello de “la mancha de una mora, con otra mora se quita”. La persona que lo haga así, termina sintiéndose culpable y sucia, por más que haya tenido instantes de intenso relax. Una nueva pareja debe aparecer en su momento, cuando la resaca anterior ya haya pasado y no cree interferencias en la nueva, y solo cuando las dos personas se reconozcan en sintonía y atraídas. Previamente han de “congeniar”, porque para fracasos, ya está bien.
Otra cosa son los amigos, o amigas, los más íntimos, los más alejados, los viejos, los compañeros, incluso los amigotes. En esos si que hay que refugiarse y darles la brasa si piedad, que hoy por mí y mañana por ti. Todo el mundo entenderá la situación, se mostrará solidario, te escuchará, te animará y te dará su opinión desde su experiencia y su distancia.
Puede ser bueno, ya lo hemos comentado, observar las reacciones propias con ojo de observador externo, analizando con curiosidad el transcurrir de lo que se piensa y de lo que se siente, y como se complementan o se contradicen (o ambas cosas a la vez) las sensaciones. Los sentimientos tiene una especie de ubicación en un sitio concreto del organismo y si se trabaja sobre esa zona, parece que se resuelve momentáneamente la sensación negativa y el sentimiento se aplaca. Es un recurso que trato de usar.
Hay veces que parece que nada sirve, sobre todo en los momentos de ira, de frustración, de angustia intensa, pero se pasan cuando finalmente impones la cordura y el reequilibrio. Se trata de ir tensando las riendas de un caballo bronco, para que no se salga de la estrecha senda marcada. No sea que nos despeñemos, que el paraje es abrupto y el abismo acecha.
No hay comentarios:
Publicar un comentario