Hay días en que la vida te da una puñalada especialmente cruel, fría y lacerante, lanzada a los higadillos de tus valores, de tus principios y, porque no, de tus ilusiones. Pero a estas alturas has de estar bragado para permanecer vivo y haces de tripas corazón para ir tirando. Uno de los remedios para taponar la tremenda herida se remonta a la noche de los tiempos.
Al principio, los hombres buscaban su sustento en lo que la naturaleza directamente les ofrecía. Antes de la caza y de la pesca, los primeros pobladores se dedicaron a la recolección de frutos silvestres, raíces y tallos comestibles. La esencia de esa tradición ha perdurado en el tiempo y se traduce hoy en actos como, por ejemplo, la búsqueda obsesiva de la oportunidad en las rebajas, del objeto preciado en la tienda de segunda mano o de la mejor butaca en el cine. Son pequeños trofeos que recolectamos cada día, a imagen de nuestros ancestros. Yo me dedico ahora a recolectar momentos.
Hoy he encontrado varios:
- Una compra muy ventajosa y que preveo útil. La he perseguido hasta conseguirla a casi la mitad de su precio.
- Un logro en natación: por primera vez en mi vida he nadado de espaldas. La sensación ha sido tan novedosa y agradable que me he hartado de reír por lo bajini mientras avanzaba hacia atrás. Me parecía increíble que fuera tan fácil.
- Una amena conversación, aunque corta, con una persona muy agradable, con la que surgen varias coincidencias y conocidos comunes. Establecer nuevas amistades, aunque sean circunstanciales, resulta muy gratificante cuando el circulo social es relativamente reducido.
- Un rato de trabajo compartido con un miembro de la familia muy querido, con la que se establece una total empatía y durante el cual se manifiesta el cariño mutuo.
- Una velada de reencuentro con un matrimonio amigo, al que no visitaba desde hace años por motivos ajenos a tu deseo. Observar cuanto parece seguir igual y cuanto cambia en estas personas con el paso de este tiempo es muy interesante.
- Unos instantes, al final del día, con otra persona muy querida, en el que tratas, y consigues en gran parte, acentuar el vinculo familiar que os une.
- Constuir este texto desde el que compartes -y repartes- carga emocional entre tus amigos, liberandote de parte del peso; modelarlo, afinarlo, hacerlo más preciso, más significativo para que su forma y su contenido sean fieles a lo que necesitas decir.
Al cerrar el capítulo, ya avanzada la noche, y hacer balance, tratas de minimizar tanto la puñalada como el aguijonazo posterior, que a modo de replica de un terremoto, te ha alcanzado después. Te quedas con los momentos mágicos y te prometes que mañana irás con ojo avizor para no dejar escapar ni uno solo de esos instantes que tan bien cubren y sanan los desgarrones de tu alma. Quizás un desconocido te salude con una sonrisa sin pretender venderte nada, o tal vez logres dar un pasito en la tarea de acomodar tus entrañas al cambio de la realidad exterior que tanto te afecta. Aunque fuera solo un paso, ya habré hecho el día.
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