Cada caso es distinto. Dicen que no hay dos divorcios iguales, lo mismo que no se repiten los trajes de gitana en la feria de Sevilla, según presumen los asiduos. No lo son las motivaciones, ni el proceso de los separación ni las respuestas posteriores de los separados. Hasta ahora, como la cosa parecía no ir conmigo, no había prestado atención al tema, pero desde hace pocas semanas ya tengo asumido que no hay vuelta atrás, y eso que he ejercido de ingenuo superlativo, manteniendo la esperanza contra viento y marea, a los ojos de los que estaban al tanto del estado real de las cosas.
Las causas más frecuente se atribuyen a la incompatibilidad de caracteres, a los conflictos por la educación de los hijos o por la gestión económica, a la perdida de interés por la propia relación, al maltrato psicológico o físico y a cualquiera de estos factores unido a la infidelidad, y a esta misma por si sola.
Los procesos van desde los más inteligentes y civilizados, donde se llegan a acuerdos equitativos y razonables, a los más duros, en los que el resentimiento y el rencor justifican las batallas legales en que vale todo: manipulación de hijos, espionaje, acusaciones falsas de maltrato, etc.
Las respuestas de los separados oscilan entre los que no quieren saber nada durante mucho tiempo de relaciones con los de sexo opuesto, y los que antes de que se enfríe una cama ya están calentando otra, aplicando la ley del monito según la cual el primate no suelta una liana hasta que no ha cogido la siguiente. En estos casos suele pasar que sean varios lo lechos que progresivamente acojan al nuevo soltero/a.
En medio se hayan los que prefieren “limpiarse”, “purificarse”, olvidar lo suficiente una relación para no interferir en la siguiente. Una subclase está a caballo entre estos y los primeros: son lo que no tienen previsto una nueva relación estable, pero si surge y están convencidos, pues prueban. Pero lo tiene que tener muy seguro.
Otra categoría se puede establecer por la situación económica en que se quedan los exconyugues, sobre todo en relación a la vivienda. Si hay dos viviendas, perfecto, si hay solo una grande y valiosa, se vende y ambos compran otras más pequeñas. Si hay solo una pero quedan ingresos suficientes, el que sale, normalmente el hombre, se alquila una. Pero si no hay ingresos suficientes o se malgastan, entonces se tiene que vivir de “prestado”, “recogido” en casa de un familiar o amigo. En este último caso hay una solución muy sencilla y eficaz: conquistas a una divorciada ingenua que tenga vivienda y te metes en ella por la cara, sin que te cueste un duro. Ganas de golpe una casa, una amante, una cocinera-limpiadora-planchadora-etc. y tendrás el placer añadido de disfrutar de lo que otro ha trabajado. A cambio de no fallar en los momentos íntimos, pues te puedes ver otra vez en la calle.
La siguiente clasificación se establece en función de la relación de los exconyugues entre sí. Las mejores, las que cambian el amor por un cariño sincero, manteniendo la complicidad en la cosas comunes e incluso en las personales. Las peores las que se odian a muerte y a veces la ejecutan. Los intermedios son variados, pero es frecuente que después de una etapa de tensión venga una de relativa cordialidad, superados ya los reproches, sin son personas medianamente inteligentes. En esto tiene mucho que ver la situación emocional de cada uno en la separación. Si uno toma la iniciativa porque ya no le interesa afectivamente la relación, está en clara ventaja: será su pareja la que tendrá que aceptar el hecho y “desenamorarse”, viviendo un autentico duelo, a veces largo y penoso, mientras que la primera podrá iniciar una nueva aventura amorosa sobre la marcha.
Hay un concepto tópico que choca. El de “rehacer la vida”. Según esto, la meta de las personas es vivir en permanente emparejamiento y si este se rompe, se supone que se ha destrozado la vida. Cuando se encuentra otra pareja, la vida se rehace. Puede ser así en muchos casos, pero son cada vez más los que no se plantean una nueva relación estable, una vez valoran la calidad de vida alcanzada viviendo solo y manteniendo contactos esporádicos o relaciones de pareja donde cada un vive en su casa.
Son los impares de vocación, que pagan algunos ratos de soledad por la libertad de organizarse la vida a su manera. Yo debo ser más pretensioso que nadie, pero creo que solo aceptaré una relación que convine compañía y afecto con libertad de movimientos. La cuadratura del círculo en las relaciones humanas debe ser posible.
1 comentario:
En aquellos momentos de pugna con uno mismo por dar el mejor paso que nos adentre en la nueva e incierta etapa de nuestra vida, a veces sobra pensar tanto cuál es el camino que se va a seguir. Avanzar sin miedo y buscando encontrar nuestro bienestar, sin hacer daño a nadie pero sin preocuparnos sólo por los demás, es la mejor solución.
El optimismo es el ingrediente más poderoso para salir con buen pie de estos duros momentos. Es crucial confiar fervientemente en que, más tarde o más temprano, todo se va a solucionar, que la mala época no se prolongará de por vida.
Si se está convenido de esto, una parte de la batalla está ganada.
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