lunes, 28 de mayo de 2007

Cimientos


Ha estas alturas aún, mirando hacia atrás, es todo tan reciente que no hay perspectiva para valorar lo que ha pasado. Los acontecimientos me parecen tan drásticos y van tan deprisa -tantas cosas en menos de tres meses contra veinticinco años- que tengo dificultad para aceptar los hechos. Si no reconozco que aún me parece una situación irreal, inverosimil, no avanzaré hasta la próxima etapa. La realidad es subjetivamente dolorosa, quizás objetivamente sea lo contrario, y he de irla digiriendo a dosis adecuadas. Si los sorbos son escasos, no harán efecto, y si son excesivos, pueden dejar secuelas incurables. ¿Cómo controlamos la ingesta? Los recursos son conocidos: comunicación, reflexión, relajación, autocontrol, evasión… etc.
Pero está claro que en el proceso hay un principio, que es el del reconocimiento de la nueva realidad. Creo que me he precipitado intentando avanzar deprisa. Tal vez las etapas no estén separadas por límites concretos, y se pueda ir adelantando antes el trabajo que toca después, pero lo que es seguro es que no se puede cerrar una fase sin haber terminado la tarea. Por lo tanto, todo debe transcurrir más lento de lo que yo había pretendido. A veces se peca de optimista y se piensa que algo de reflexión y de evasión –sana- resuelven el problema definitivamente. Pero hoy siento que no es así. Habrá que tomarse tiempo. Habrá que tragar despacio.

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