sábado, 26 de mayo de 2007

De compras

En mi vida anterior, de casado no de reencarnación, que no me veo como mamut o como Rodrigo de Triana, tenía resuelta la cuestión de la vestimenta, porque mi ex conocía mis tallas y mis gustos, y me la traía a casa. Ahora, como además he adelgazado hasta el peso de mi adolescencia, la ropa anterior no me sirve, por lo que he tenido que hacerme de prendas nuevas, acorde con mi estilizada, algunos dicen que casi cadavérica, figura. Y heme aquí peregrinando entre percheros y maniquíes buscando no se muy bien que.
Lo mejor, tener decidido el precio aproximado y el tipo de vestimenta y luego, directamente al vendedor. A estos señores de los grandes almacenes, sobre todo los más maduros, les encanta que se les consulte porque vienen de la tradición de la antigua tienda donde había que vender el paño a base de persuadir a la señora, desempaquetando, mostrando y volviendo a empaquetar decenas de prendas parecidas, a ver cual le entraba por el ojo. Ahora la gente escoge y se prueba los artículos por si misma y tiene al vendedor como mero cobrador, y así el hombre se siente inútil, no se realiza. Yo los hago felices.
Primero les digo lo que necesito y si me señala donde se encuentra, les pido que me acompañen. Luego elijo el modelo, pero no lo cojo, no, le pregunto cual será mi talla y le indico que me la localice. Después le ruego que me la observe puesta, para ver como me queda y si no está bien, me traerá otra más ajustada. Y una vez comprobada la idoneidad, le pido que me localice otras prendas alternativas, de corte o función similar, para elegir en entre más variedad. Todo dicho con discreta amabilidad y agradeciendo con leve displicencia cada servicio prestado, lo cual da mucha autoridad. Si fuese una chica me permito un filtreo fino, casi indiferente, que haga ese momento un poquitín especial para ella. No hay que olvidar que estamos ante personas a las que también hay que darles algo de ilusión.
Antes era un hombre gris, en el sentido cromático de la imagen. Sostenía la absurda idea de que una prenda tenía que ser de calidad y de un tono discreto, adecuado al ambiente académico de mi profesión. Mis colores eran grises, beig, azules, marrones, algún verde apagado, etc. Absolutamente magistral. Pues ya no. Ahora tiro del muestrario y soy un escándalo. El último polo era rosa fuerte. Visto malva, rojo, verde manzana, naranja, pistacho, celeste, a rayas, etc. No quiero un gris ni en pintura. Bueno, un traje sí que he necesitado de ese color, porque era más barato y más polivalente. De pantalones, baqueros y de una especie de rafia. Hasta los chinos me parecen vulgares, a no ser que sean escandalosos de color, pero con cierta coherencia combinatoria, claro. Poco a poco iré relajando esta euforia vestimentaria -a otras personas la euforia les da por otras cosas-, que yo con esto no hago daño a nadie y, lo que es más importate, ni a mi mismo. Tampoco es que haya renovado totalmente mi vestuario, entre otras cosas porque con el cambio de talla he de saber en cual me quedo, no sea que después tenga que montar un tenderete. Creo que la primera cosa que me va a ilusionar hacer con una chica es ir de compras, después ya se verá.
Cuando te llega la oleada a la garganta, es necesario dejarla un tiempo, porque si no, nunca se van a quemar las etapas. Hay días más tontos para eso, ayer, hoy, y pienso que tampoco es cuestión de apagar artificiosamente las sensaciones y los sentimientos, que están inevitablemente presentes aunque agazapados. A veces piensas que los avances se hacen con dos pasos hacia delante y un paso atrás, y puede que algunos días sea a la inversa. Lo importante es que en conjunto, el camino se ande. Tengo que confesar por una sola vez lo que todo el mundo sabe, ¡que todavía la quiero!. Eso no significa que retroceda, sino que se desde donde parto. Al final llegaré a donde debo y todo esto quedará como un episodio que languidecerá en la memoria, de sabor entre amable y agridulce y con el tono sepia que da el transcurrir de los años. Para eso hace falta tiempo, y apenas ha pasado aún. Todo es muy reciente, todo es presente.

1 comentario:

adriahna dijo...

Cambio de vestuario, cambio de pensamientos, cambio de rutina... todo lo que suene a dinamismo, entretenimiento, actitud activa (en lugar de hierática) ante una difícil etapa, me parece positivo y lo apoyaré con convicción. Sin quitar los necesarios momentos de reflexión y calma, por supuesto, pero sabiendo darle a estos su justo espacio en el día a día, ni más ni menos.
Por cierto, que tu compañera de compras no tiene que ser necesariamente tu compañera sentimental. También puede ejercer este papel una amiga (o amigo, que eso ya no está mal visto), una hija que dentro de poco vuelve de su aventura por "la capital", una hermana que siempre estará dispuesta a tener opinión en la manera de vestir de su querido hermano...
La ruta de "shopping" se puede asimilar al camino de la vida: puedes estar acompañado por muchas personas y cada una te va a aportar su detalle valioso y único respecto a los demás.