domingo, 13 de mayo de 2007

Amor y neuronas

Dentro del arsenal de recursos que tenemos para salir de situaciones difíciles están las frases tópicas que tratan de relativizar la situación y de verla de otra manera. Son enunciados inteligentes, multifuncionales, que valen para un roto y para un descosido, y que suponen una especie de oración, salmodia o sortilegio para los no creyentes, en el sentido religioso de la palabra. Vamos a ver algunas:
- El tiempo todo lo cura
- Lo que no mata te hace más fuerte
- Hoy es el primer día del resto de tu vida
- Para ti, no hay en el mundo nadie más importante que tú
- Después de la tempestad viene la calma
- Hay que ver la botella medio llena
- Todo tiene solución menos la muerte
- Hay que mirar hacia delante
- El mundo está lleno de nuevas oportunidades

Yo voy a añadir otra: Haz que tu cerebro gobierne a tu corazón.
Con ello no quiero decir que no se vivan con intensidad los sentimientos, incluso las pasiones, sino que no nos hagan daño porque el resultado sea contrario a nuestra forma de ser y de entender la vida. Puede parecer frío, calculador y desapasionado, pero no lo es. Me considero sensible y con gran capacidad de dar afecto, incluso apasionado, y no voy a renunciar a eso, pero a estas alturas hay que guiar con inteligencia hacía donde marcha nuestro corazón. Porque si con el amor buscamos la felicidad, no hagamos que este te haga infeliz, cosa que ocurre más de lo que debiera.
Como licenciado en Antropología, que no antropólogo de oficio, se que en muchas sociedades antiguas y modernas, son los padres o tutores los que seleccionan a los futuros cónyuges de los hijos, y estos esperan con ilusión a su asignado/a. En nuestra sociedad, el emparejamiento no se inicia por amor o flechazo en la mayor parte de las ocasiones: existe una coincidencia en el perfil de ambos, como si los dos supieran que el otro además de que les gusta, les conviene. Puede no parecer romántico pero, como ya he apuntado en otra ocasión, es muy raro que un subsahariano sin recursos y poco agraciado sea el novio de una chica europea, de clase media alta y guapa. Con esto no estoy descubriendo nada nuevo, sino desmitificando la libertad absoluta y la exclusiva motivación romántica de las relaciones de pareja. En cualquier caso, el amor se construye en gran parte a voluntad, como el odio y otros sentimientos, aunque no se pueden negar que haya disposiciones psicológicas, personales, que nos encaminen hacia unas personas u otras.
Toda esta perorata, demasiado larga y formal, la lanzo -me la digo a mi mismo- para poner en marcha los resortes que me proporcionen algún autocontrol en mis propios sentimientos, tanto hacia el amor como al desamor. Algún resultado empiezo a vislumbrar pero estoy tranquilo, porque la capacidad de amar no la voy a perder nunca.

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