lunes, 21 de mayo de 2007

Paso a paso

Los hijos, la familia y los amigos son el principal soporte en los tiempos duros. Al final es uno mismo el que tiene que resolver su papeleta, el que da el empuje, el que decide lo que hay que hacer. Pero esa red afectiva e inteligente es imprescindible para asegurar la mejor salida posible. Lo más útil es la variedad de opiniones que hacen que uno pueda decidirse reflexivamente por una de las distintas posibilidades. Hay que escuchar a todo el que nos quiere bien, aunque unos planteamientos sean contradictorios con otros o en principio recelemos de esa persona. Ya sabremos que camino seguir de entre los propuestos. A veces alguién nos aporta un detalle interesante, un punto de vista diferente o nos hace dudar de aquello en que estábamos obcecados. Sopesando todos los aspectos y considerando todos los matices, mantendremos un proceder equilibrado que nos permitirá no cerrar ninguna puerta y no dar pasos en falso o irreversibles. Y sobre todo, los hijos, familiares y amigos nos abren una ventana iluminada hacia el futuro, nos acercan la luz del final de túnel y nos llevan en volandas hacia la boca exterior de este. He tenido una gran suerte con mis hijos, con mi familia y con mis amigos: me van a permitir retomar mi propia ruta tras sufrir el más terrible de los accidente después de treinta años de viaje.
En una entrada anterior, "Juntando cachos", elaboré para consumo propio un listado de herramientas (cualidades) que me serían útiles para recomponer la figura, y el fondo, y seguir caminando: visión global y algo trascendente, dignidad,, bondad, inteligencia, optimismo., ingenio, capacidad para vivir los momentos del día a día, potenciar las relaciones humanas, planificación, tesón y tenacidad, perdonar y aceptación del sinfín de defectos propios. Hay otro elemento esencial, que quizás no se halle explícito en este resumen, Es el mantener en todo momento los principios y las convicciones personales. Da igual lo que haga la otra parte, ese es su problema, ella será la responsable. Uno debe hacer lo que tiene que hacer y no apartarse de ahí. No dejarse llevar por euforias circunstanciales -ya somos adultos- ni por obnubilaciones momentáneas y a todas luces pasajeras, que en el mejor de los casos dejan una sensación de vacio y en el peor te arruinan para la vida para siempre.
Estoy empezando, nunca me han faltado, ha encontrar lo espacios emocionales apropiados para organizar mi vida. Son menos los tiempos en que me dejo arrastrar por la angustia y la ofuscación que produce esta situación desgraciada, torpe y absurda. No pretendo “pasar de rositas”, sería falso, pero si vivir bien las etapas, para que no cierren en falso y no haya que repetir errores, de los que uno no está libre nunca.
Por la tarde noche quedé con unos antiguos amigos a los que antes, como pareja, tenía dificultades para ver. Son gente joven pero madura, que viven en ese momento donde la ilusión de la juventud está intacta pero está dotados ya de los bagajes de la experiencia, propia o ajena. Coincidimos en el análisis de la ruptura. Me hizo gracia la llamada “ley de monito” que viene a decir que el mono no suelta nunca una liana hasta que no tiene asida otra. Y hay que recordar la ascendencia humana de los primates. Tiene un niño precisos, muy juguetón, y una perra noble y revoltosa. Ambos conviven bien, y en todo caso es el animal el que se lleva todos los golpes del chico sin rechistar. Llevarse golpes sin rechistar…. Eso me trae a la memoria muchos recuerdos. Cuando una relación del tipo que sea se inicia con la dominación, por el método que fuere –actitud agresiva o chantaje emocional, que es más potente- de un miembro sobre otro, ese esquema perdura siempre. La persona dominada adoptará una actitud defensiva y terminará desarmándose, desestructurándose, y generando una especie de síndrome de Estocolmo, donde verá como natural que el dominador ejerza su presión y como algo extraordinario, especial, que hay que agradecer, cualquier muestra de afecto. Eso hace a la persona dominada tremendamente dependiente, en el aspecto afectivo, del dominador. Incluso puede salir en su defensa, hasta que es "desprogramado" y ya lo ve de otra forma.
Disfrutamos de unas cervezas, yo de un zumo, en una mesa de un espacio público muy amplio, cuya remodelación es discutible. Son gente tranquila en el trato e inquieta en su vida cotidiana. En realidad llegan cansados de una rutina muy dura para esta generación.
La ida y la vuelta la hago en bici. Todavía voy demasiado deprisa por los carriles. Tengo que relajarme un poco para disfrutar más. De refilón vi a una chica con evidentes signos de ejercer la calle. Me sorprendió que era joven y guapa y exhibía sus senos casi por completo, mientras tiritaba de frío. Me dio pena. No tengo el propósito de recurrir a estos servicios, aunque asesores no me faltan. Por un lado hay un peligro real de contraer enfermedades como el SIDA. Por otro no contemplo el sexo sin afectividad por ahora y no es cuestión de enamorarse y desenamorarse en treinta y cinco minutos. Esas operaciones requieren más tiempo. A veces duran años.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola vecino y amigo, no sabía tu don para escribir una prosa tan conexa. fácil de leer y que además te engancha en cada texto hasta que lo finalizas.
Sigue vivo. Yo llamo estar vivo a lo que biológicamente lo es, pero además a seguir teniendo inquietudes, sensibilidad, ganas de hacer, armonía, y horizonte futuro.

Aquí nos tienes Amigo, para compartir contigo siempre que quieras no sólo estos textos sino también una cerveza o un paseo y una charla.