Me voy a permitir pecar de optimista, ya que de otra cosa no, pues con la vida que llevo tengo ya comprados más de tres mil metros cuadrados en el cielo, y cerca de las colinas de Sanpedro, desde las cuales casi se ve al Altísimo. Los especuladores todavía no lo han descubierto, pero en cuanto lo hagan, las parcelas en la gloria van a ponerse por las nubes –ya lo están en sentido geográfico-metafórico-, que por eso estoy yo invirtiendo ahora. Acuérdense ustedes de cuando las bulas.
Quería decir que estaba pensando cerrar una etapa, como siempre de manera simbólica, porque en estos caminares no hay metas del día, ni de la semana ni del mes, que no estamos en una vuelta ciclista, sino un tirar para adelante, si parar, que de vez en cuando, a veces a menudo, vendrá un recule sin que sepamos evitarlo.
Y este fin de etapa inventado no es ni más ni menos que dejar el sitio donde me lamento más que reflexiono sobre los avatares del reestreno de soltería. Es por eso, porque tiene más de lloriqueos propios que de conclusiones útiles para los demás. No me voy a permitir dejar de escribir, que es un recurso que se me ha vuelto imprescindible para mi subsistencia emocional, más voy a cambiar de espacio con la idea de ir dejando de lado lo extraordinario de mi situación actual –con respecto a la época anterior de mi vida- y entrar más en lo cotidiano, lo mínimo, lo anecdótico. De contenidos “trascendentes” ya estamos bien servidos.
Lo hago por varias razones. La primera es que creo no estar con el mismo ánimo ahora que hace un tiempo, por más que sepa que la memoria y los sentimientos son traicioneros en extremo y han transcurrido escasas fechas desde el desenlace (en el sentido de acontecimiento y de desunión). La segunda es que se dan situaciones muy cercanas mucho más serias que la mía, lo que me hace relativizarla. Lo tercero es que si quiero avanzar, bueno será decirme que estoy avanzando, lo cual es verdad.
Por lo tanto dejaré de escribir, de momento, en esta página y empezaré otra que he titulado simplemente Diario de Cándido. Su dirección es
Quería decir que estaba pensando cerrar una etapa, como siempre de manera simbólica, porque en estos caminares no hay metas del día, ni de la semana ni del mes, que no estamos en una vuelta ciclista, sino un tirar para adelante, si parar, que de vez en cuando, a veces a menudo, vendrá un recule sin que sepamos evitarlo.
Y este fin de etapa inventado no es ni más ni menos que dejar el sitio donde me lamento más que reflexiono sobre los avatares del reestreno de soltería. Es por eso, porque tiene más de lloriqueos propios que de conclusiones útiles para los demás. No me voy a permitir dejar de escribir, que es un recurso que se me ha vuelto imprescindible para mi subsistencia emocional, más voy a cambiar de espacio con la idea de ir dejando de lado lo extraordinario de mi situación actual –con respecto a la época anterior de mi vida- y entrar más en lo cotidiano, lo mínimo, lo anecdótico. De contenidos “trascendentes” ya estamos bien servidos.
Lo hago por varias razones. La primera es que creo no estar con el mismo ánimo ahora que hace un tiempo, por más que sepa que la memoria y los sentimientos son traicioneros en extremo y han transcurrido escasas fechas desde el desenlace (en el sentido de acontecimiento y de desunión). La segunda es que se dan situaciones muy cercanas mucho más serias que la mía, lo que me hace relativizarla. Lo tercero es que si quiero avanzar, bueno será decirme que estoy avanzando, lo cual es verdad.
Por lo tanto dejaré de escribir, de momento, en esta página y empezaré otra que he titulado simplemente Diario de Cándido. Su dirección es
http://diariodecandido/blogspot.com
Estaré encantado de compartir ese lugar con mis amigos. Muchas gracias.
¡OJO, SI HAN ENTRADO POR GOOGLE, PUEDE QUE ESTE ENLACE NO FUNCIONE! Cópienlo, pégenlo directamente en la ventada de dirección, arriba del todo, y oblígenle a entrar. La página está creada.