El parto sin dolor, ese que se practicaba antes de que la seguridad social pusiera sistemáticamente la epidural, se basaba en la pérdida del miedo y en el control de la respiración. Ese control es esencial también en la natación, en el deporte, y otras situaciones donde, en vez de dejar que los automatismos bioquímicos y neurológicos regulen las insuflaciones a su antojo, el individuo toma las riendas y decide en que momento, y con que intensidad y ritmo inspira y espira. En muchas prácticas alternativas holísticas, como el yoga, el taichí, la bioenergética, etc, el flujo controlado del aire es un tema central.
Sin haber recibido formación específica, en mi caso me esta siendo utilísimo porque me permite salir de momentos de fuerte emoción o angustia –cuando me sorprende algún recuerdo intenso o alguna visión mental impactante- de manera rápida y eficaz.
Al concentrarse solo en la entrada lenta y profunda de aire en los pulmones, sintiendo como el torrente etéreo se abre paso, arrollador, a través de la traquea, los bronquios hasta alcanzar el alveolo más alejado, se apagan rápida y progresivamente las luces negras del cerebro y se ablandan la tenazas del corazón y de la garganta.
Si presientes que la ráfaga perturbadora va a ser un vendaval, prepárate para una relajación en toda regla. Siéntate cómodo, en un buen sillón, con las plantas de los pies bien apoyadas en el suelo, las rodillas en ángulo recto, pero caídas hacia los lados si les apetece. Las manos entre los muslos o en el reposabrazos. La cabeza, mejor reposada hacia atrás –en un sofá puede estar en la hendidura entre los cojines- pero también pues apoyar delante. Otra posición es tumbado boca arriba en una cama. La ropa aflojada, los zapatos que no aprieten,
Empieza respirando lenta y profundamente. No de manera agitada. Después concentra tu atención en el dedo gordo del pie derecho y siente como tiene vida propia, pero se vuelve pesado. Esa sensación de sentir la energía –interpretación alternativa de la sensibilidad- ha de seguir hacia la pierna. Empieza igual por el otro pie. Sigue con la respiración profunda y pausada de manera que sientas que a cada insuflación, las áreas que se van “desconectando” son mayores. Todas se vuelve muy pesadas. Van de abajo arriba: las piernas, las rodillas y luego el vientre. La paz va inundando tus sentidos y tus emociones. Los pulmones siguen inalterables su crucial función, imperturbables. Has hecho que los dedos y las manos, los antebrazos, los brazos sigan el camino de las piernas y se muestran pesados, inertes… Ahora sentirás la barriga que se afloja. Notarás su masa, su volumen, su calidez, a cada renovación del aire, que sigue llegando de manera regular y segura. Las sensación de sosiego subirá hacia los mismos pulmones y sobre todo al corazón, que latirá noble y discreto, arropado por el pecho sereno. Por último la relajación alcanzará el cuello, y la garganta se liberará de las últimos vestigios de opresión. Finalmente, la mente se inundará de un blanco indefinido y quedará en paz, en armonía, sintiendo el resto del infinito en su justa medida, atenuando las sensaciones exteriores, y manteniendo suavemente la conexión con el propio cuerpo y el propio yo. Solo en algún área de la conciencia queda una luz de guardia que nos guía en el viaje, de manera que cuando decidamos el regreso, nos pongamos en marcha.
Para desandar el camino, empezamos a sentir y a mover el dedo gordo del primer pie, luego el del otro, luego la pierna y así, en ese orden, todo, pero despacio, como si no tuviéramos prisa en abandonar un estado tan placentero. Levántate poco a poco y reanuda tu actividad al ritmo que te marques tú, no al que te impongan los que te soliviantan. A la vez, reflexiona, si quiera superficialmente, sobre la absurda carrera hacia ninguna parte en que convertimos a diario nuestras vidas. Adopta un cierto talante existencial en tu rutina. Te encontrarás mejor. De paso, el embate del dolor habrá quedado de momento conjurado.
Ojo, es conveniente que la primera vez que se practique, la relajación sea guiada por un experto: psicólogo o afín.
No obstante, tampoco podemos escaparnos continuamente del dolor, porque necesitamos elaborarlo, asumir sus causas, y no es bueno eludirlo continumente. Si lo hacemos mal, no se cura y rebrotará en cualquier momento posterior con formas extrañas. Esta técnica sirve para controlar el dolor, pero no debe ser usada par evadirse permanentemente. Seríamos siempre débiles. Digamos que sustituye a la borrachera o a la adicción a las drogas, aunque sin sus terribles consecuencias. Pero finalmente, debemos tomar conciencia de lo que hemos vivido.