miércoles, 16 de mayo de 2007

Juntando los cachos


Después de que tu vida se ha roto del todo, de un golpe seco, no te queda más remedio que recomponerla con los pedazos caídos aprovechables. Eso te obliga a reflexionar sobre ti mismo, pues alguna forma has de darle al batiburrillo de piezas que han quedado esparcidas por el suelo. Para ello recurres a identificar los elementos más positivos que, entiendes, componenen tu personalidad.
Lo primero que necesitas es tener una visión global y algo trascendente de lo que te rodea para orientar el sentido que quieres darle a tu vida, o el que puedes darle en función de tu personalidad y tu cultura. ¿Que papel ocupan tus proyectos de cada día y de futuro, tus hijos, la amistad, el amor, el ocio, etc.?
Lo segundo es dignidad, no entendida como orgullo banal sino en su dimensión humana, que permite puntualmente el llanto y el ruego, que si es en su momento justo, no significa humillación. Creo que dispongo de la dignidad necesaria en cantidad y calidad.
Lo tercero es bondad. En su lucha contra el rencor, ha de prevalecer porque de lo contrario terminas siendo un mezquino al que no te soportarás ni tu mismo. La bondad ha de ir acompañada de equidad, para no hacer el "canelo".
Lo cuarto es inteligencia, que no listeza. La listeza es la inteligencia mal entendida, egoísta e inmediata, que no ve más allá de las narices. Termina siendo torpeza. El inteligente procura el bien general para él sentirse a gusto y participar de esa situación. El listo solo su bien particular para estar por encima de los demás.
Lo quinto es optimismo. En las peores situaciones de animo, se tiene que tener asido el cabo de la esperanza. En esos casos hay que creer a los amigos que te dicen que de todo se sale, que tiempo al tiempo, que lo que no mata fortalece, etc.
Lo sexto es ingenio. Es la inteligencia aplicada a campos concretos. Va unida a la creatividad y a la capacidad de poner en marcha los proyectos futuros.
Lo séptimo es capacidad para vivir los momentos del día a día, que son los únicos que existen, porque los anteriores ya pasaron y los futuros no se sabe si llegarán.
Lo octavo es potenciar las relaciones humanas con tus hijos y familiares primero y con los amigos después. Más vale reforzar los lazos con los ya conocidos que buscar desesperadamente otros, aunque hay que estar abierto a todo.
Lo noveno es planificación concreta para establecer líneas generales de actuación, y prioridades inmediatas, pues de lo contrario te perderás en el camino.
Lo décimo es cuidar de todos los aspectos de tu salud, procurando que no llegue a la obsesión. No olvidad que de los cuarenta para arriba…
Lo undécimo es tesón y tenacidad, pues poquito a poco se llega lejos y uno puede parar... para continuar después.
Y lo duodécimo, ser capaz de perdonar cuanto antes, cosa que egoístamente le interesa más al agraviado que al agraviante, por cuestión de paz interior, de salud emocional y de mente despejada, aunque en principio no es fácil, como tampoco lo es la natación.
A este dechado de virtudes hay que añadir la aceptación del sinfín de defectos que lo acompaña, muchas veces como contrapunto de aquellos, y que se llevan también con dignidad, que humanos somos todos. ¡O no!